Imagen de relato #2 La discoteca

Relato #2 – La discoteca

El ambiente de las discotecas me abruma, la música está demasiado alta como para conocer a alguien interesante. Desecho los chicos que parecen modelos porque me parecen vacíos. Excluyo a los borrachos que están bailando porque lejos de hacerme gracia, me dan vergüenza ajena.

Acabo de llegar con Carla y decidimos dar una vuelta. Veo un hombre que me causa cierta curiosidad, está tranquilo, con un grupo de amigos borrachos, pero él no baila.

Carla se da cuenta de mi interés, e intenta eliminar mis miedos con un chupito de tequila de fresa, bueno tres. Me envalentono y comienzo a bailar con mi amiga. Carla se acerca a mi oído y me grita:

—Los tiempos han cambiado, ahora las que entran son las chicas.

Le echo una mirada de incredulidad y con la cabeza y las manos le hago gestos de «yo no».

Carla pide otros dos chupitos de tequila de fresa, me tomo el mío y sigo moviéndome con una música que no me suena de nada. Carla empieza a perder la paciencia, me ve incapaz si quiera de entablar una conversación:

—Si te enrollas con él te doy veinte euros.

Me empuja a culetazos y nos quedamos al lado de su grupo de amigos. Miro con disimulo a mi izquierda y ahí está él, que me pilla mirando y me dedica una sonrisilla.

Me vengo arriba y me acerco. Me presento, se presenta y nos damos dos besos. Me acerco a su oído y le grito:

—Mi amiga quiere darme veinte euros si consigo robarte un beso.

Una carcajada alegra su boca, que se acerca a mí. ¡No puedo creer que vaya a funcionar! Pero en el último momento me hace la cobra. Se dirige a mi oído y me grita:

—Te doy cuarenta si me dejas en paz.

Entonces me doy cuenta que la vacía y borracha que da vergüenza ajena esta noche… soy yo.


Descubre más desde Beatriz Gª. C.

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario