«Siempre has sido tú, pensé que jugabas en otra liga»
Estas palabras de Marcos me robaron un beso hace cuatro meses. Jamás pensé que vería a mi amigo de la infancia de esta manera, pero en ese momento, si hubiera lanzado las bragas contra el techo, seguro que se habrían quedado pegadas.
He cogido miedo a las relaciones porque todas terminan mal y eso hace que me cueste mostrarme tal como soy por miedo a la reacción que pueda provocar. Soy tímida… pensar tanto a veces me bloquea y ni siquiera sé cómo actuar, pero Marcos me conoce bien, sabe que tengo prontos, que me enfado, que a veces entro en cólera y todo lo que he sufrido por amor… con él puedo ser yo, sin condicionantes.
Pienso que puede ser el hombre que llevo esperando toda la vida y cada pasito apunta en esa dirección. Hablamos de un futuro, de vivir juntos y fantaseo con que podría ser en mi casa.
Anoche me preparé a conciencia; me pinté la línea del ojo, los labios, me perfumé y escogí el sujetador traslúcido combinado con su tanga blanco roto. Me puse el vestido rojo, señal inequívoca de que quería volver a hacerle amor.
Preparé con mimo algo ligerito que nos permitiera después estar cómodos en la cama; un carpaccio con ensalada de aguacate y naranja. Él trajo un Cune que sabe, que me encanta.
Tras la cena pedí a Alexa que pusiera baladas de rock. Me acerqué a él, le descamisé y le fui dando besos desde el cuello hasta sus calzoncillos, que incluso manché ligeramente en la apertura. Se los quité y nos bebimos hasta el final.
Al despedirnos me prometió darme el amor y la atención que merecía la próxima semana.
Hoy no puedo dejar de mirar el móvil esperando alguna señal por su parte, deseando que me ponga un corazón, un te quiero o que Ana haya encontrado ya el carmín en sus calzones y que pasen a cumplirse las promesas que Marcos me hace en su ausencia.
