anillo solitario

Relato #19 – 26 de enero de 2028

El día de 5 de cada mes me quedo con 300 euros en la cuenta que debo estirar como un chicle, por lo que me es difícil ahorrar. No me quejo, porque hasta ahora me ha ido bien y sé administrarme. Sin embargo, quiero pedirle matrimonio a Victoria y no tengo suficiente para el obsequio que se espera de una ocasión tan especial.

Quiero regalarle el detalle más brillante, pero sin diamantes, el más grande que, sin pesarle, represente la magnitud de nuestro amor. Deseo convertirlo en un momento inolvidable.

Ella es pura magia, me tiene hechizado y no quiero que pierda su don. Se merece ser la más feliz sobre la faz de la tierra, flotar en las nubes y que nada le impida mantener su esplendor.

Es soñadora, alegre, contagia ilusión y que me quiera a mí me hace sentir afortunado.  

Este es el motivo de que frene mis impulsos de pedírselo ya y me arme de paciencia y valor, cuidándola cada día y esperando hasta que llegue nuestro momento el 26 de enero de 2028.

He organizado meticulosamente mi plan, reservaré una casita rural en el Sur de España, y cuando se alineen la Tierra, la Luna y el Sol, pronunciaré estas palabras durante el anillo de fuego que se forma en el eclipse anular:

«De ahora en adelante y hasta que se apague el sol, solo quiero que seamos tú y yo. ¿Quieres casarte conmigo?»

¿Y si te digo que yo soy Victoria y que esto es lo que espero del amor?


Si te has perdido alguno de mis relatos, los tienes todos aquí.


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