En mi grupo de amigos siempre recibimos con los brazos abiertos a cualquiera que nos acompañe a las cenas y fiestas; lo llamamos «gente de refresco». Hace unos meses Mateo volvió de Italia acompañado de Gianluca, un chico muy atractivo que no sabía ni español ni inglés, por lo que mi comunicación con él se basaba en lo que entendemos los españoles del italiano y viceversa.
Estuvimos cenando en casa de Mateo unos tallarines al pesto casero que nos había preparado para todos. Mateo tenía arte cocinando y cuando éramos muchos, se encargaba de todo. Gianluca pasaría unos días en Madrid e intentamos que se sintiera cómodo y disfrutara.
No podía dejar de mirarle en la cena, tenía una belleza que solo había visto en las revistas, era muy atractivo. Intentaba buscarle algún fallo, pero ni si quiera era de los guapos vacíos que solo saben posar, reía, hacía gracias y al gesticular… ¡Qué brazos!¡Madre mía!
Solo podía pensar en que me elevara con ellos mientras hacíamos el amor y cuando volvía a la realidad, me ruborizaba.
Terminamos de cenar y decidimos ir caminando a la discoteca. Gianluca me observaba desde mi derecha mientras hablaba con Mateo. Cruzamos un paso de cebra mientras intentaba entender lo que decían, pero sin comprender prácticamente nada…hasta que Gianluca me miró y dijo sorprendido «È molto bella».
Fijé la mirada en sus ojos y contesté sonriente «Muchas gracias». Él estalló en una carcajada.
Cuando llegamos a la otra acera, me acerqué a besarle y me correspondió de una forma muy dulce. Mateo no dijo palabra, pero el resto de los amigos gritaba «¡Id a un hotel!».
Nos entró la risa y seguimos caminando hacia la discoteca. Una vez allí, todos entraron menos nosotros, que nos quedamos intentando conocernos fuera.
Esa noche, Mateo durmió en el sofá y nos dejó la cama. Gianluca y yo nos vimos algunos días más, antes de que volviera a Italia.
Con el paso de los meses, Gianluca quedó en el olvido como un amor pasajero, que hizo el amor conmigo.
Mateo seguía cocinando y siendo el anfitrión en las fiestas y, en una de ellas, empecé a fijarme en su agudo sentido del humor. Cuando todos se fueron, me quedé ayudándole a recoger y fue entonces cuando me dijo «me encanta cómo eres, me encanta tu inteligencia».
Me pilló por sorpresa, pero se acercó, me besó y esa misma noche terminamos en su cama. Poco a poco empezamos una relación de plena confianza.
Con el tiempo Gianluca vino a vivir a Madrid y empezaron las risas.
«Móntatelo con los dos» me decía Leda.
Y broma a broma, la verdad asoma y no podía quitarme esa idea de la cabeza.
Varios chupitos y copas después, estando a solas con Mateo en la barra, le dije que quería «Due trofei» simulando el símbolo de la victoria con los dedos.
Tras la fiesta volvimos a casa los tres y estando en el salón Mateo, Gianluca y yo, Gianluca se acercó a besarme. Yo esquivé su beso y miré a Mateo, quién asintió con la cabeza e hizo un gesto con la mano de «adelante, no te cortes»
Gianluca volvió a intentarlo y esta vez lo consiguió, miré a Mateo buscando su aprobación, acercó su mano a mi rostro y me acarició. Acto seguido me besó. Mateo me quitó la camiseta y Gianluca me desnudó, mientras uno me mordía la lengua, el otro bajaba a mi entrepierna.
A la mañana siguiente, Mateo me trajo un ColaCao y Gianluca unas galletas.
«Así que sí, los dos son mi pareja. ¿Podemos cenar ya?»
Si te has perdido alguno de mis relatos, tienes todos aquí.
