Cuando se comete una infidelidad, las reglas deben estar claras, en caso contrario te puede pasar lo que les pasó a Sergio, Inés y Constanza.
Sergio e Inés discutían a menudo y su relación ya pendía de un hilo el día que decidieron dejarlo.
Constanza, que nunca tuvo intención de ser la amante, aprovechó el momento la primera vez que se acostó con Sergio, aunque tampoco buscaba nada serio.
Inés y Sergio lo arreglaron, pero Constanza siguió recibiendo a Sergio en su casa… en su cocina, en su sofá y en su cama. Daba igual dónde les pillara el deseo, que ahí mismo calmaban sus ansias y su fuego.
El miércoles pasado se cumplieron cinco meses desde aquello. Lo celebraron cenando juntos y Sergio Recibió las llaves de la casa de Constanza. Fue maravilloso salvo porque Sergio no se quedó a dormir en el piso de Constanza, a las once de la noche estaba de vuelta en la cama que compartía con su mujer, Inés.
Constanza estaba empezando a cansarse de su novio «cenicienta» y pensó que ya iba siendo hora de que Sergio confesara su aventura, por la salud mental de los tres y así se lo hizo saber.
El plan, según el cobarde, era esperar una discusión, en la que Inés volviera a dejarle y Sergio ya aprovechara para irse de su casa.
Constanza esperaba desde hacía tiempo que Sergio y Inés lo volvieran a dejar, pero Sergio prefería tomárselo con calma. Un divorcio nunca es sencillo, y dejar a Inés por la amante, haría que lo odiara.
Inés llevaba tiempo sospechando que su amado mantenía una relación paralela, porque siempre coincidía que era trece cuando llegaba excesivamente tarde y oliendo a un perfume que ella no guardaba en su baño.
El jueves por la mañana Inés se armó de valor, y con todo el tacto del mundo preguntó a Sergio si había algo de lo que se arrepintiera, y prácticamente le suplicó que se lo contara. Sergio negó cualquier otra relación y la tildó de loca, o eso fue lo que le contó esa misma tarde Constanza.
Constanza, que inicialmente no comprendía porque no había aprovechado la ocasión para contárselo, se mostró comprensiva… tal vez más de lo habitual, pero Sergio pensó que la comprensión iba dirigida hacia él y no hacia su esposa.
«Necesito verte. ¿Quedamos?»
Inés recibió un mensaje de Constanza. La mujer sabía a lo que iba, pero puso su mejor cara.
Constanza le hizo ver que no estaba loca, e Inés, en parte, se sintió aliviada.
Sergio esa noche se encontró con las maletas en la puerta y fue a casa de Constanza, donde se encontraban las dos, con la cerradura cambiada.
