«Haz lo que puedas» dijo el jefe del laboratorio familiar, Carlos, después de soltar un marrón a Rafa.
Rafa estaba en el periodo de prueba y debía conseguir varios kilos de malva fresca, en pleno otoño. El cliente había pedido con urgencia una nueva remesa de champús sólidos. Era el ingrediente principal y solo disponía de una semana.
El mayor de los problemas que tenía Rafa era su inglés. El alto nivel que indicó en su currículum para conseguir el trabajo era un deseo que distaba mucho de convertirse en realidad.
Carlos tampoco sabía más idiomas que su lengua materna, por lo que no pudo descartar a Rafa en la entrevista.
«¿Haz lo que puedas?» se repetía Rafa mientras se iba cabreando.
Rafa hizo las consultas oportunas a ChatGPT y encontró las empresas del hemisferio sur que sí podrían tener lo que buscaba.
A las de habla hispana les escribió sin problema y utilizó un traductor online para mandar correos a diestro y siniestro al resto. Se dio un día de margen para obtener varias respuestas. Debía darse prisa si quería que la malva llegara pronto y en buen estado para la elaboración del producto.
Cogió todas las llamadas, y si no les entendía, colgaba.
Al día siguiente, se decantó por una empresa de Argentina, hizo su pedido con envío rápido y encargó el pago al administrativo, que no le puso ningún problema.
Carlos, al ver el cargo en cuenta se extrañó y pidió explicaciones a todos los empleados. El administrativo, no recordaba quién lo había ordenado y quedó en que revisaría el papeleo y los correos. Rafa se quedó mudo y no confesó. Suponía que la urgencia justificaba el gasto, pero tenía miedo de las represalias.
Intentó ganar tiempo cancelando el pedido y buscando otra empresa más económica, pero había aceptado el presupuesto y no había vuelta atrás.
Cuando Carlos preguntó a Rafa, este no fue capaz de decir la verdad y cuando llegó el pedido que figuraba en las transacciones del banco, Carlos se fijó en el contenido.
Así que, si alguien quiere contratar a Rafa, prometo que él… «hará lo que pueda».
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