«Termínatelo tú» me dijo Zaida subiéndose los pantalones antes de irse de mi casa. Mi cara era un poema. El sexo fue lo normal que pudo ser hasta que ella culminó, no fue por algo que dijera porque soy tímido y no hablo, no fue por algo que hiciera porque considero que fue un polvo bastante estándar, pero claro, qué iba a saber yo si conocí a Zaida esa misma noche. Puede ser que la chica fuera un poco rara.
Me dejó tan descolocado que no fui capaz de terminar lo que había empezado en ese mismo instante, aunque sí horas después, unos minutos antes de quedarme dormido.
A la mañana siguiente me costó madrugar para ir a trabajar. Todavía pensaba en mi noche extraña. Dudé si mandar un mensaje, aunque tal y como se había marchado, esperaba que el mensaje de Zaida apareciera en mi móvil sin yo tener que mandar previamente nada.
Si hubiera sucedido de cualquier otro modo, habría hecho por mantener el contacto, como lo he hecho en otras ocasiones con ligues que fueron de una noche, aunque nunca llegaran a nada más.
Ya en el trabajo, me saqué un café de máquina y me quedé distraído durante horas… desde luego no era una chica común. ¿Quién sería capaz de decir «termínatelo tú»? ¿Era una psicópata? ¿Estaba tan empoderada que me había utilizado? Derrochaba seguridad en sí misma y me mostraba aprecio… al principio, pero al final, yo le di exactamente igual. ¿Y si hubiera sido al revés? ¿Y si la hubiera dejado yo a medias? ¿Se plantearía ella una segunda cita? La mente de las mujeres para mí es un misterio, una incógnita en mi vida que jamás he sabido resolver.
¿Por qué le entraron las prisas de repente? Estoy acostumbrado a que se queden a dormir y a la mañana siguiente acompañarlas a la puerta cuando aprovecho para salir a comprar el pan. Bueno, era jueves y el viernes había que trabajar, lo mismo tenía que levantarse temprano, pero, ¿es normal irse sin dar una explicación? ¿Cómo puede ser tan caliente y al segundo mostrarse tan fría?
Llegó mi compañero Jesús, me dio los buenos días y le pregunté «¿Qué tenemos hoy?»
Jesús abrió uno de los cajones mientras yo revisaba el móvil, que no tenía ninguna notificación.
«Te presento a Zaida»
Miré y efectivamente, era Zaida… un poco más fría que la noche anterior… y con una etiqueta que colgaba de su pie.
Si quieres leer mis otros relatos, los tienes aquí.
