Mordisquito

Relato #32 – Un mordisquito

Qué tendrá esa boca que me vuelve loca, me paraliza, me enerva, me calla y me hace observadora.
Me fijo de vez en cuando, entre un montón de gente, y sé que rompes a sudar al cruzar tus ojos con los míos e intentas no mirar.
Tampoco me atrevo a acecharte demasiado, hasta que el gentío desaparece y nos quedamos solos tú y yo. Nos miramos y el deseo de estar juntos se palpa en el ambiente.
¡Cómo tanta excitación en el aire puede atrofiar mi habla, mis gestos y mi espontaneidad!
Hay química, lo sabes tú y lo sé yo, pero apenas podemos intercambiar palabras.
Entonces te acercas, rozas mi mano erizando mi brazo, mi cuello y mi espalda. Te muestro la palma, apoyas tus dedos y los aprieto liberando parte de la tensión acumulada.
Entonces levanto la vista, recorro cada parte de tu rostro con mi mirada, fabricando recuerdos, sosteniendo este momento de magia. Tu expresión cambia, te intimido, lo sé porque tus cejas ladeadas y tu media sonrisilla te delatan.
Finges seguridad, cuando intentas armarte de valor para ganar unos centímetros del camino que nos separa.
No te lo pongo fácil, disfruto con cada segundo, con cada gesto, con cada movimiento… giro hacia un lado mi barbilla, marcando otra vez distancia.
Tengo un alma de niño grande frente a mí, desnuda, sin escudo y ahora también sin armas. Acaricio tus brazos, que se estremecen si subo por ellos mientras me sigues con la mirada. Vuelves a examinarme la cara mordiendo tu labio, soy un anhelo creciente, pero lejano.
Tu rostro muestra impaciencia y duda a partes iguales. No sé si seré capaz de hacerte sufrir un poco más.
A tu nerviosismo se le escapa una sonrisa, me desmontas, sonrío y acerco mi pecho a tu camisa.
Por fin tus labios y los míos se tocan, levemente los abro, te agarro de la nuca aproximando nuestros cuerpos, para cumplir mi deseo de darte un mordisquito… en la boca.


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