Psicólogo

Relato #36 – El psicólogo

Conozco a Ruth desde hace dos años, que es el tiempo suficiente para saber que es especial. No está desequilibrada como para que tenga que recibir una medicación, pero es obsesiva y, a veces, tiene ideas de bombero.
Está casada con un hombre que no la hace feliz y a mí me utiliza para vomitar toda la mierda que se le pasa por la cabeza. No me disgusta, incluso diría que me agrada, pero debo esperar el momento en que ella quiera desahogarse. No puedo llamarla, aunque pienso en ella a todas horas.
Recuerdo la sonrisa maliciosa con la que me confesó su último desliz. No estaba arrepentida ni tenía cargo de conciencia, simplemente había disfrutado de fantasías que durante unas horas la habían hecho feliz.
Vi a Ruth convertida en una mujer con ilusiones, pero no de esas que se evaporan y dejan dolor en el pecho cuando no se hacen realidad, porque convertirlas en algo real dependía solo de ella, y era consciente.
En este tiempo he observado muchos cambios, ahora se arregla minuciosamente y se ha vuelto coqueta en su afán por conquistar. Su marido ha debido darse cuenta, porque ahora me cuenta que salen más a menudo a cenar. También tienen una vida sexual más activa, cosa que me molesta a rabiar, pero debo fingir que todo está en orden y sonreír mientras Ruth detalla cada una de sus relaciones.
Hace tiempo que dejé de tener un plan. El inicial era que se divorciara y aprovechar su vulnerabilidad. Pero ahora que no es vulnerable y tiene la autoestima por las nubes, no soy capaz de decirle que no me necesita, por lo que solo me queda esperar verla cada quince días en mi consulta, aunque esté sana y ya no tenga ansiedad.



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