Papelera de Windows

Relato #37 – La papelera de Windows

Me encanta el sonido al vaciar la papelera de Windows tras haber borrado las fotos de mi ex. Es liberador, suena como si estrujara el papel y lo quemara a la vez. Es un hito cumplido, junto con devolver las cosas que se dejó en mi casa.
Ayer vino Mariola, su hermana, a por la guitarra. Manu me conquistó tocándola hace tres años. Me sorprendía en las fechas especiales con nuevas canciones.
Me encantaba fijarme en las letras, ya que en el día a día era parco en palabras, pero cuando componía se abría de par en par. No fue capaz de decirme «te quiero» en tres años, aunque en la última de sus creaciones decía que no podía vivir sin mí… si es que iba dirigida a mí.
Le costaba mucho mostrar sus sentimientos… suponiendo que los hubiera, que no lo sé. Por eso le dejé hace una semana. Esa incertidumbre me consumía por dentro. Necesitaba sentir que me quería para no verme perdiendo el tiempo.
Necesitaba sentirme viva en el día a día y no solo mantener la esperanza en los días señalados.
Él no lo entiende, pero quería sentirme deseada, admirada y que me mirase con curiosidad como se mira lo que te acaban de regalar y que todavía no sabes cómo funciona. Necesitaba su picardía en la cama y no solo en los acordes de su guitarra.
Y por supuesto, todavía le quiero, pero creo que no somos felices, porque no somos compatibles. Yo seguía esperando señales diarias y su ausencia me hacía sufrir, me volvía inestable. Mientras, él trabajaba, componía y buscaba en mí un refugio, una compañía. ¿Habré sido solo eso? ¿Su compañía para que no estuviera solo?
Suena el timbre y me dirijo hacia la puerta. Es Manu con un ramo de flores. Mis ojos comienzan a llorar mientras cojo las flores.
«No quiero que vuelvas a dudar de que te quiero»
Me abalanzo sobre él y le beso enamorada mientras pienso en la bendita copia de seguridad de las fotos que acabo de borrar.



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