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Manos en forma de corazón

Relato #43 – Corazones

—He sido ladrona —confesé a mi chico.

—¿Ladrona de corazones?

—Ja, ja, no. Ladrona de cosas.

—¿Por qué?

—Porque me hacía sentir viva.

—¡Que poca vergüenza!

—Requiere destreza y autocontrol.

—¿Y qué ganabas con eso?

—Llevármelo gratis.

—¿A costa del trabajo de los demás?

—Hay corporaciones que tienen una partida dedicada a los hurtos y robos. Me muevo dentro de los límites.

—Tus límites.

—Efectivamente, en los que nadie sale perjudicado.

—¡Qué morro le echas a la vida!

—La miro de frente, le echo ganas. Tú la ves pasar… Sin vivir.

—¿Qué insinúas?

—Me cortas las alas.

—¿Qué alas? ¿De qué hablas?

—No me siento viva a tu lado.

—¡Ahí queríamos llegar!

—No quería llegar a ningún lado, solo disfrutar del camino.

—¿Discutiendo?

—Diciendo la verdad.

—¿Para qué? ¿Qué quieres conseguir?

—Libertad. Quiero volar.

—Al final, sí vas a ser una ladrona de corazones.


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