El día que empezamos Paola y yo en el trabajo estábamos muy verdes; por no hablar, no hablábamos ni entre nosotras hasta la hora de comer.
En principio el ambiente parecía bueno, pero el trabajo nos venía demasiado grande. Recuerdo que pensé «si duro dos semanas, dos semanas que me pagan».
Tras la primera semana empecé a soltarme, hacía bromas sobre las anécdotas que contaban, las retomaba cuando podía hacer un guiño, y me mantenía al margen cuando hablaban de fútbol. Paola lo llevaba bastante peor que yo.
Recuerdo que Rafa hizo un comentario sobre una antigua pareja y terminamos todos a carcajadas… menos Paola, y acto seguido sacaron un bote donde cada uno metió un euro.
—¿Y eso qué es?
—Tú estás exenta de momento, cuando llegue el momento elegirás si participas del bote.
—¿Cuándo lo sabré?
—Espero que tarde —Rafa me sonrió.
Paola y yo nos miramos sin entender nada.
La segunda semana fue mejor, empecé a sentirme cómoda con mis tareas, adquirí el poder se conocer quién sabe qué, lo que me facilitó enormemente desarrollar mi trabajo si me estancaba y necesitaba ayuda.
Por el contrario, Paola era muy tímida y se avergonzaba si tenía que pedir que alguien le echara una mano. Veía cómo movía el ratón sin pulsar teclas, sin pasar de página mientras inhalaba profundo y mantenía la respiración.
Recibió un correo en el que el cliente pedía explicaciones por su demora. Se derrumbó. Su bloqueo cognitivo se aferró a su garganta, a su boca, y por último a sus ojos dejando caer unas lágrimas. Fue al baño e intentó disimular, pero Rafa se acercó y le dijo;
—Paola, estas son las reglas, eres digna del bote. Tú eliges si participas y te lo quedas. Si te lo quedas, de ahora en adelante una carcajada aquí será un euro en el bote, pero no podrás llevártelo de nuevo. Si no te lo quedas, estarás exenta de pagar. Ya no habrá más oportunidades para decidir.
Paola se olvidó de llorar. Miró dentro del bote y había más de mil euros en calderilla, que con más prisa que cautela metió el bolso.
Paola desde ese día se sintió con la confianza de bromear y yo… Estoy esperando a que se hinche el bote para llorar.
Si has llegado hasta aquí, tal vez quieras leer mis otros relatos o incluso animarte con mi novela.
Gracias por leerme.
